Muy pronto llegará el Señor,
que domina los pueblos, y será llamado Enmanuel,
porque tendremos a "Dios con nosotros".
Modo véniet Dominátor Dóminus, et vocábitur nomen eius Emmánuel,
quia Nobíscum-Deus.
Oremos:
Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo que se alegra por la venida de tu
Hijo en nuestra carne mortal; y concédenos que, cuando vuelva revestido de
gloria y majestad, nos llenemos también de alegría al recibir de sus manos la
recompensa de la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Aquí viene mi amado saltando por los montes
Lectura del libro del Cantar de
los Cantares
2, 8-14
Miren: Ya viene saltando por los
cerros, brincando por las colinas. Parece mi amado una gacela, parece un
cervatillo. Se ha parado detrás de nuestra cerca. Se asoma
por las ventanas, mira a través de las rejas. Habla mi amado, ya me dice:
"Levántate, amada mía, preciosa mía, y ven. Que ya ha pasado el invierno,
han cesado las lluvias y se han ido. Las flores aparecen en el campo, ha
llegado el tiempo de la poda; ya se oye en nuestra tierra el arrullo de
Levántate, amada mía, preciosa mía, y ven. Paloma mía, que anidas en las
grietas de la roca, en escarpados riscos, déjame ver tu rostro, déjame oír tu
voz. ¡Es tan dulce tu voz, tan hermoso tu rostro!"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 32, 2-3,11-12.20-21
Dichosa la nación cuyo Dios
es el Señor.
Exsultáte, iusti,
in Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Den gracias al Señor con el
arpa, toquen para él la lira de diez cuerdas; cántenle un cántico nuevo, toquen
con arte para él y aclámenlo.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
Exsultáte, iusti, in
Dómino; cantáte ei cánticum novum.
El plan del Señor se mantiene
por siempre, los proyectos de su mente, por todas las generaciones. Dichosa la
nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que se eligió como herencia.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
Exsultáte, iusti, in
Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Nosotros esperamos en el Señor,
él es nuestro socorro y nuestro escudo, él es la alegría de nuestro corazón, en
su santo nombre confiamos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
Exsultáte, iusti, in
Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Aleluya, aleluya.
Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven, Señor, a
salvarnos.
Emmánuel, rex et légifer noster: veni ad salvándum nos, Dómine
Deus noster.
Aleluya.
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
1, 39-45
Gloria a ti, Señor.
Por aquellos días, María se puso en
camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías
y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su
seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero
¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto
oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú, que has creído!
Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, de tu Iglesia las
ofrendas que tú mismo has puesto en nuestras manos y que tu poder convierte en
sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de
Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo
Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su
alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
¡Dichosa tú que has creído!,
porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.
Beáta quæ credidísti,
quóniam perficiéntur ea quæ dicta sunt
tibi a Dómino.
Oremos:
Que esta comunión, Señor, proteja siempre a tu pueblo a fin de que, entregados
plenamente en tu servicio, alcancemos la salvación del alma y del cuerpo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.